¿Quién podría atreverse a decir que no ha vivido equivocado? Seguro que esa suerte de pesadumbre acabará por llevarle hasta los confines más lejanos de todas las tierras que no existen –hasta donde se cierran en un rosario de historias que tal vez no hagan sino ponerle un nuevo nombre a un anhelo inmemorial: Deseo de ser piel roja. Igual como el recuerdo de esa vieja película ahora te emplaza a ti: a ahondar en lo difícil, a ir tanteando los alcances de esa misma palabra que continuamente busca acorralar el presente perfecto en el que tanto quisiera recrearse tu deseo– y que amenaza con entregarte rendido al estrépito de lo que no está. Así has aprendido muchas de las rutas invisibles que cruzan tu cabeza –y quizá sólo tu cabeza.

DESEO DE SER PIEL ROJA . – Miguel Morey