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Terra
La Coctelera

El creador del mar

Cubriendo la faz del mundo, discurría el océano,
no ocioso, sino que con su prolífico y cálido humor
suavizaba todo el globo.
Fermentada la gran madre para concebir, saciada de
fecunda humedad, dijo Dios:
"¡Reuníos ahora, aguas bajo el cielo, en único lugar
y dejad que aparezca la tierra seca!"
Inmediatamente emergieron, enormes, las montañas,
elevaron sus anchas y desnudas espaldas hacia
las nubes y sus cimas ascendieron hasta el cielo.
Tanto como los prominentes montes se elevaron, se hundió
en una profundidad abismal el espacioso lecho de las aguas.
Hacia allá se precipitaron alegremente, como las gotas
que resbalan sobre lo seco. Encrestándose en su prisa
y levantándose como un muro de cristal. Tal fue
la huida que la gran orden provocó en las veloces corrientes.
Como ejércitos a la llamada de la trompeta (pues de
ejércitos se trataba) forman tras su estandarte, así la
acuática multitud, ola tras ola, encuentra su camino.
Si es pendiente, formando torrenteras; frenándose sobre
el llano, Ni roca ni colina las detienen. Ellas, bajo
el suelo o a cielo abierto, serpentean y encuentran
su camino, y sobre el lodo excavan profundos canales.
Dios pidió a la tierra que se secara excepto allí por
donde ahora transcurre el húmedo y perpetuo curso de los ríos.
Y llamó a lo seco Tierra y Mar al gran recipiente de
las aguas congregadas.

EL PARAÍSO PERDIDO .– John Milton

Padoformo

Los arcángeles negros juegan a la ruleta en los jardines del invierno
y llega PADOFORMO con sus manos de tiza
a pintarme en la frente el espejo del SUEÑO.

NUNCA SE HA VIVIDO COMO SE MUERE AHORA . – Manuel Pacheco

La última estación de los sentidos

Veo venir la luz, y los ojos gastarme
con piedad, pues quien desvela
la realidad es ella, no el asombro.
Y ahí está el firmamento,
huestes de luces que combaten
en un espacio transparente;
el mar
y los desnudos, la carrera y las rosas,
el perro negro y la saliva, el cadáver
y el llanto, el naranjo y la abeja,
el rostro reposado y la sonrisa.
Oigo nuevos sonidos, y en la suave erosión
de mis oídos se recogen,
sobre todo palabras;
puedo aún saber por ellas
del consuelo y la dicha, la compañía torpe
que acompaña, la juventud
y el desamor, inteligencia y asco,
el agitado origen de los besos.

Vienen las voces devoradas, y vienen claras voces;
y suena el aire aún, y el mar esclavo,
llegan roces y pasos, la música
y el vuelo, ciudades clamorosas
y el silencio.
Mirar y oír, los sentidos durables.
Y asisten los olores del sótano,
de la infancia escondida en el desván,
del jardín y el incienso, todo el olor
es ahora el recuerdo,
pues el olfato está tapiado
porque se acerca la carroña.
El gusto enmohecido,
inerte a la rugosa o tersa superficie
del fruto o de las aguas,
sólo vivo el sabor para sentir llegar
el temido dolor o la alegría.
Gustar y oler, sentidos aplacados.

Mirad, éste que exalta
o avergüenza, por el que pronto supe
la privación de la pasión del mundo,
pues la avidez se mudaba en desgana,
y se trocó la fe en vana indiferencia;
el tacto; fuego o frío.
El es quien me envejece, y presiento
el helado palpar de quien ensaya
la caricia final a este gran sueño;
pero dejadle aún besar los rostros,
su calor y su línea ,
dejadles amar los cuerpos sin templanza.
Después la nada es ciega, y es gorda la sordera ,
sólo al principio tasta, lo que hiede,
y el tacto del vacío resume la existencia.
Amada vida mía, la luz se va a la noche,
¿y por qué me abandonas?


DE AÚN NO . – Francisco Brines

¿Quién podría atreverse ...

¿Quién podría atreverse a decir que no ha vivido equivocado? Seguro que esa suerte de pesadumbre acabará por llevarle hasta los confines más lejanos de todas las tierras que no existen –hasta donde se cierran en un rosario de historias que tal vez no hagan sino ponerle un nuevo nombre a un anhelo inmemorial: Deseo de ser piel roja. Igual como el recuerdo de esa vieja película ahora te emplaza a ti: a ahondar en lo difícil, a ir tanteando los alcances de esa misma palabra que continuamente busca acorralar el presente perfecto en el que tanto quisiera recrearse tu deseo– y que amenaza con entregarte rendido al estrépito de lo que no está. Así has aprendido muchas de las rutas invisibles que cruzan tu cabeza –y quizá sólo tu cabeza.

DESEO DE SER PIEL ROJA . – Miguel Morey